Evidentemente, ha habido más bien poca actividad por estos lares desde hace ya un tiempo. El caso es que el grupo de lectura nunca fue. Ni siquiera echó a andar. Y no por falta de interés entre sus tres participantes, sino por las premuras de tiempo tan acuciantes en tiempos como éstos (hay que decir, además, que los tres participantes añaden a sus respectivas obligaciones laborales las que conllevan la militancia política y el activismo social, lo cual no deja tiempo para ambiciosos proyectos). Sea como fuere, el caso es que el grupo de lectura jamás pasó de una primera reunión preparatoria con la asistencia de tan sólo dos de sus miembros. Como consecuencia, la bitácora ha estado durmiendo el sueño de los justos durante todo este tiempo.
¿Qué hacer, pues? ¿Ha llegado el momento de desenchufar la máquina? El caso es que leer El Capital me sigue pareciendo una tarea urgente y útil, sobre todo visto lo visto últimamente y tomando en consideración lo que todo parece indicar que se nos viene encima. Por consiguiente, he decidido continuar con el proyecto en solitario a la espera de que algún alma interesada en estos temas ofrezca su incorporación al mismo un día de éstos.
El geógrafo David Harvey ha estado enseñando un curso sobre El Capital en la City University of New York desde hace cerca de cuarenta años. Sus clases están disponibles completamente gratis en la Red (en inglés). El siguiente esquema, sacado de una de sus clases, corresponde a los capítulos 1 y 2 del libro. Espero que os sea útil.
Marcello Musto relata una entrevista con el conocido historiador marxista británico Eric Hobsbawm en la que discuten sobre la actualidad de la obra de Marx 150 años después de que éste escribiera los Grundrisse y que contiene algunas interesantes reflexiones. Así, el profesor Hobsbawm comenta lo siguiente sobre la crisis de la izquierda tras la caída del Muro de Berlín y la relevancia que todavía puedan tener los análisis del alemán en este nuestro siglo XXI:
Es claro que cualquier “retorno a Marx” será esencialmente un retorno al análisis de Marx del capitalismo y su lugar en la evolución histórica de la humanidad —incluyendo, sobre todo, sus análisis de la inestabilidad central del desarrollo capitalista que procede a través de crisis económicas auto-generadas con dimensiones políticas y sociales. Ningún marxista podría creer por un momento que, como argumentaron los ideólogos neoliberales en 1989, el capitalismo liberal se había establecido para siempre, que la historia tenía un fin o, en efecto, que cualquier sistema de relaciones humanas podría ser para siempre, final y definitivo.
Como afirmaba en otro artículo, se trata precisamente del Marx que más me interesa: el que analiza el sistema económico capitalista, estudiando sus componentes uno a uno y, después, combinándolos en una estructura capaz de captar su naturaleza dinámica e interpretar en qué consiste su esencia oculta. Me parece, de hecho, que es bien posible admirar al Marx analítico, al estudioso, sin compartir necesariamente sus ideas y prescripciones socialistas (imagino que esta será, por ejemplo, la actitud de George Soros, quien recientemente le alabó como lúcido intérprete de la realidad capitalista). Un poco de su solidez metodológica no nos hubiera venido nada mal desde luego para protegernos de los excesos neoliberales de las últimas décadas (qué paradójico es, en este sentido, que los mismos individuos que clamaran insistentemente contra el “iluminismo” socialista se dejaran llevar por una veneración cuasi-religiosa de las vacas sagradas del laissez faire).
El Marx que debemos recuperar, pues, no es el activista, ni tampoco el redactor de tantos programas políticos y manifiestos. Todos ellos, aunque puedan aún inspirar a muchos militantes y guarden alguna que otra perla, están inextricablemente unidos a su tiempo. La actividad política, después de todo, está siempre supeditada (algunos dirían que incluso esclavizada) a los sucesos más cotidianos e incluso fortuitos, lo que suele convertirla en algo íntimamente relacionada con su tiempo, al que raramente puede superar (por más que exista un buen número de nostálgicos de un pasado que siempre fue mejor siempre empeñados en aplicar las “soluciones” de tal o cual estadista preferido). Por el contrario, el Marx que debemos rescatar, el que aún podemos leer atentamente de una forma fructífera, es el estudioso de la realidad social, como bien afirma Hobsbawm:
Sin embargo, Marx no regresará como una inspiración política para la izquierda hasta que sea entendido que sus escritos no deben ser tratados como programas políticos, autoritariamente, o de otra manera, ni como descripciones de una situación real del mundo capitalista de hoy, sino más bien, como guías hacia su modo de entender la naturaleza del desarrollo capitalista. Ni tampoco podemos o debemos olvidar que él no logró una presentación bien planeada, coherente y completa de sus ideas, a pesar de los intentos de Engels y otros de construir de los manuscritos de Marx, un volumen II y II de El Capital. Como lo muestran los Grundrisse. Incluso, un Capital completo habría conformado solamente una parte del propio plan original de Marx, quizá excesivamente ambicioso.
En definitiva, de Marx tenemos que aprender, sobre todo y ante todo, el método.
¿Pero cuál puede ser la importancia de los Grundrisse en esta aproximación al autor? Hobsbawm también nos habla sobre ello:
Desde mi punto de vista, los Grundrisse han provocado un impacto internacional tan grande sobre la escena marxista intelectual por dos razones relacionadas. Ellos permanecieron virtualmente no publicados antes de los cincuenta y, como usted dice, conteniendo una masa de reflexiones sobre asuntos que Marx no desarrolló en ninguna otra parte. No fueron parte del largamente dogmatizado corpus del marxismo ortodoxo en el mundo del socialismo soviético, de ahí que el socialismo soviético no pudiera simplemente desecharlos. Ellos pudieron, por tanto, ser usados por marxistas quienes querían criticar ortodoxamente o ampliar el alcance del análisis marxista mediante una apelación a un texto que no podría ser acusado de ser herético o anti-marxista. Por tanto, las ediciones de los setenta y los ochenta antes de la caída del Muro de Berlín, continuaron provocando debate, fundamentalmente porque en estos manuscritos Marx plantea problemas importantes que no fueron considerados en el Capital…
Por último, y aunque no esté estrictamente relacionado con el tema que aquí nos ocupa, merece la pena mencionar una reflexión de Hobsbawm sobre el movimiento antiglobalización:
Por otro lado, Marx no regresará a la izquierda hasta que la tendencia actual entre los activistas radicales de convertir el anticapitalismo en anti-globalismo sea abandonada. La globalización existe y, casi un colapso de la sociedad humana, es irreversible. En efecto, Marx lo reconoció como un hecho y. como un internacionalista, le dio la bienvenida, teóricamente. Lo que él criticó y lo que nosotros debemos criticar es el tipo de globalización producida por el capitalismo.
O, lo que es lo mismo, el movimiento antiglobalizador cae a menudo (demasiado a menudo) en la tentación anti-modernista de enfrentarse a una tendencia evolutiva realmente imparable, salvo catástrofe universal, como indica Hobsbawm. Las fuerzas mundializadoras son parte intrínseca del sistema capitalista, cierto, pero no por ello debe tratarse de una tendencia esencialmente negativa, explotadora o alienante. De hecho, cabría pensar que contiene en su interior algunos elementos al menos potencialmente emancipadores, como pudiera ser el germen de un gobierno auténticamente mundial sin el que no habría forma de concebir ni la paz, ni la justicia social a escala planetaria. Es más, tamoco hay forma alguna de contrarrestar los abusos ecológicos sin algún tipo de poder internacional con una verdadera potestad ejecutiva para hacer cumplir los acuerdos. Es precisamente esta esencia del pensamiento dialéctico (la dualidad de prácticamente todos los elementos de la realidad que nos circunda) la que no acierta a entender el movimiento antiglobalizador, en buena parte debido a su abandono de los análisis del propio Marx. Debido a ello, han tirado por la borda un arsenal metodológico capaz de analizar la realidad social en toda su riqueza ambivalente y la han sustituido por el maniqueísmo de buenos (pueblos indígenas y subdesarrolllados) y malos (países ricos y sus multinacionales).
Esta es la bitácora del grupo de lectura y discusión sobre El Capital, organizado por un grupo de amigos en Sevilla. Convencidos de que, por una u otra razón, todavía es posible sacar partido a la obra fundamental de Marx, hemos decidido entregarnos a la lectura atenta del texto, reuniéndonos de cuando en cuando para intercambiar impresiones, opiniones y sugerencias, de tal forma que la intuición y perspectiva del grupo contribuya a enriquecer la experiencia que supone leer un magnum opus como éste. Esta web, por tanto, no es sino una herramienta más en el diálogo que pretendemos lanzar en torno al libro.
Nos acercamos a El Capital sin prejuicios. Esto es, no lo vemos como el dogma máximo de la economía política en que se convirtió para millones de marxistas durante tanto tiempo, y que contribuyó sobremanera a transfigurar (algunos dirían que incluso distorsionar) la filosofía política de Marx, metamorfoseándola en mera escolástica, vulgata de catecismo, rígida, acartonada y risible caricatura de aquella auténtica filosofía de la praxis que fuera en vida de su fundador. Sin embargo, tampoco estamos convencidos del todo que el trabajo de investigación y análisis que llevara a cabo Marx en las dependencias de la Biblioteca Británica fuera completamente inútil y no tenga relevancia alguna para nuestro tiempo. Más bien al contrario, sospechamos que fenómenos como el imparable proceso de mundialización de nuestras economías nacionales y la reciente crisis financiera internacional debieran contribuir a que nos replanteáramos nuestras posiciones sobre el sistema económico capitalista desde un punto de vista algo más crítico que el que hemos visto en las últimas décadas. En fin, que a lo mejor es posible aprovechar algunos de los elementos de reflexión que contienen las páginas de este libro o, cuando menos, pensamos que aún puede tener la capacidad de inspirar un planteamiento más crítico con la realidad circundante.