Leyendo El Capital

El grupo de lectura que nunca fue.

27 abril 2011
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Evidentemente, ha habido más bien poca actividad por estos lares desde hace ya un tiempo. El caso es que el grupo de lectura nunca fue. Ni siquiera echó a andar. Y no por falta de interés entre sus tres participantes, sino por las premuras de tiempo tan acuciantes en tiempos como éstos (hay que decir, además, que los tres participantes añaden a sus respectivas obligaciones laborales las que conllevan la militancia política y el activismo social, lo cual no deja tiempo para ambiciosos proyectos). Sea como fuere, el caso es que el grupo de lectura jamás pasó de una primera reunión preparatoria con la asistencia de tan sólo dos de sus miembros.  Como consecuencia, la bitácora ha estado durmiendo el sueño de los justos durante todo este tiempo.

¿Qué hacer, pues?  ¿Ha llegado el momento de desenchufar la máquina?  El caso es que leer El Capital me sigue pareciendo una tarea urgente y útil, sobre todo visto lo visto últimamente y tomando en consideración lo que todo parece indicar que se nos viene encima.  Por consiguiente, he decidido continuar con el proyecto en solitario a la espera de que algún alma interesada en estos temas ofrezca su incorporación al mismo un día de éstos.


Esquema de los capítulos 1 y 2 (David Harvey).

14 enero 2010
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El geógrafo David Harvey ha estado enseñando un curso sobre El Capital en la City University of New York desde hace cerca de cuarenta años.  Sus clases están disponibles completamente gratis en la Red (en inglés).  El siguiente esquema, sacado de una de sus clases,  corresponde a los capítulos 1 y 2 del libro. Espero que os sea útil.

David Harvey: summary of chapters 1 & 2 of "Capital"


Entrevista a Eric Hobsbawm sobre los “Grundrisse”

22 diciembre 2009
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Marcello Musto relata una entrevista con el conocido historiador marxista británico Eric Hobsbawm en la que discuten sobre la actualidad de la obra de Marx 150 años después de que éste escribiera los Grundrisse y que contiene algunas interesantes reflexiones.  Así, el profesor Hobsbawm comenta lo siguiente sobre la crisis de la izquierda tras la caída del Muro de Berlín y la relevancia que todavía puedan tener los análisis del alemán en este nuestro siglo XXI:

Es claro que cualquier “retorno a Marx” será esencialmente un retorno al análisis de Marx del capitalismo y su lugar en la evolución histórica de la humanidad —incluyendo, sobre todo, sus análisis de la inestabilidad central del desarrollo capitalista que procede a través de crisis económicas auto-generadas con dimensiones políticas y sociales. Ningún marxista podría creer por un momento que, como argumentaron los ideólogos neoliberales en 1989, el capitalismo liberal se había establecido para siempre, que la historia tenía un fin o, en efecto, que cualquier sistema de relaciones humanas podría ser para siempre, final y definitivo.

Como afirmaba en otro artículo, se trata precisamente del Marx que más me interesa: el que analiza el sistema económico capitalista, estudiando sus componentes uno a uno y, después, combinándolos en una estructura capaz de captar su naturaleza dinámica e interpretar en qué consiste su esencia oculta.  Me parece, de hecho, que es bien posible admirar al Marx analítico, al estudioso, sin compartir necesariamente sus ideas y prescripciones socialistas (imagino que esta será, por ejemplo, la actitud de George Soros, quien recientemente le alabó como lúcido intérprete de la realidad capitalista).  Un poco de su solidez metodológica no nos hubiera venido nada mal desde luego para protegernos de los excesos neoliberales de las últimas décadas (qué paradójico es, en este sentido, que los mismos individuos que clamaran insistentemente contra el “iluminismo” socialista se dejaran llevar por una veneración cuasi-religiosa de las vacas sagradas del laissez faire).

El Marx que debemos recuperar, pues, no es el activista, ni tampoco el redactor de tantos programas políticos y manifiestos.  Todos ellos, aunque puedan aún inspirar a muchos militantes y guarden alguna que otra perla, están inextricablemente unidos a su tiempo.  La actividad política, después de todo, está siempre supeditada (algunos dirían que incluso esclavizada) a los sucesos más cotidianos e incluso fortuitos, lo que suele convertirla en algo íntimamente relacionada con su tiempo, al que raramente puede superar (por más que exista un buen número de nostálgicos de un pasado que siempre fue mejor siempre empeñados en aplicar las “soluciones” de tal o cual estadista preferido).  Por el contrario, el Marx que debemos rescatar, el que aún podemos leer atentamente de una forma fructífera, es el estudioso de la realidad social, como bien afirma Hobsbawm:

Sin embargo, Marx no regresará como una inspiración política para la izquierda hasta que sea entendido que sus escritos no deben ser tratados como programas políticos, autoritariamente, o de otra manera, ni como descripciones de una situación real del mundo capitalista de hoy, sino más bien, como guías hacia su modo de entender la naturaleza del desarrollo capitalista. Ni tampoco podemos o debemos olvidar que él no logró una presentación bien planeada, coherente y completa de sus ideas, a pesar de los intentos de Engels y otros de construir de los manuscritos de Marx, un volumen II y II de El Capital. Como lo muestran los Grundrisse. Incluso, un Capital completo habría conformado solamente una parte del propio plan original de Marx, quizá excesivamente ambicioso.

En definitiva, de Marx tenemos que aprender, sobre todo y ante todo, el método.

¿Pero cuál puede ser la importancia de los Grundrisse en esta aproximación al autor?  Hobsbawm también nos habla sobre ello:

Desde mi punto de vista, los Grundrisse han provocado un impacto internacional tan grande sobre la escena marxista intelectual por dos razones relacionadas. Ellos permanecieron virtualmente no publicados antes de los cincuenta y, como usted dice, conteniendo una masa de reflexiones sobre asuntos que Marx no desarrolló en ninguna otra parte.  No fueron parte del largamente dogmatizado corpus del marxismo ortodoxo en el mundo del socialismo soviético, de ahí que el socialismo soviético no pudiera simplemente desecharlos. Ellos pudieron, por tanto, ser usados por marxistas quienes querían criticar ortodoxamente o ampliar el alcance del análisis marxista mediante una apelación a un texto que no podría ser acusado de ser herético o anti-marxista. Por tanto, las ediciones de los setenta y los ochenta antes de la caída del Muro de Berlín, continuaron provocando debate, fundamentalmente porque en estos manuscritos Marx plantea problemas importantes que no fueron considerados en el Capital

Por último, y aunque no esté estrictamente relacionado con el tema que aquí nos ocupa, merece la pena mencionar una reflexión de Hobsbawm sobre el movimiento antiglobalización:

Por otro lado, Marx no regresará a la izquierda hasta que la tendencia actual entre los activistas radicales de convertir el anticapitalismo en anti-globalismo sea abandonada. La globalización existe y, casi un colapso de la sociedad humana, es irreversible. En efecto, Marx lo reconoció como un hecho y. como un internacionalista, le dio la bienvenida, teóricamente. Lo que él criticó y lo que nosotros debemos criticar es el tipo de globalización producida por el capitalismo.

O, lo que es lo mismo, el movimiento antiglobalizador cae a menudo (demasiado a menudo) en la tentación anti-modernista de enfrentarse a una tendencia evolutiva realmente imparable, salvo catástrofe universal, como indica Hobsbawm.  Las fuerzas mundializadoras son parte intrínseca del sistema capitalista, cierto, pero no por ello debe tratarse de una tendencia esencialmente negativa, explotadora o alienante.  De hecho, cabría pensar que contiene en su interior algunos elementos al menos potencialmente emancipadores, como pudiera ser el germen de un gobierno auténticamente mundial sin el que no habría forma de concebir ni la paz, ni la justicia social a escala planetaria.  Es más, tamoco hay forma alguna de contrarrestar los abusos ecológicos sin algún tipo de poder internacional con una verdadera potestad ejecutiva para hacer cumplir los acuerdos.  Es precisamente esta esencia del pensamiento dialéctico (la dualidad de prácticamente todos los elementos de la realidad que nos circunda) la que no acierta a entender el movimiento antiglobalizador, en buena parte debido a su abandono de los análisis del propio Marx.  Debido a ello, han tirado por la borda un arsenal metodológico capaz de analizar la realidad social en toda su riqueza ambivalente y la han sustituido por el maniqueísmo de buenos (pueblos indígenas y subdesarrolllados) y malos (países ricos y sus multinacionales).


¿Por qué leer “El Capital” hoy?

17 diciembre 2009
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Hace ya poco más de veinte años que cayó el Muro de Berlín y, con él, la mayor parte de los llamados regímenes del socialismo real, rechazados por la amplia mayoría de quienes tuvieron la desgracia de vivir bajo la opresora presencia del poder comunista.  Hoy día, los pocos países comunistas que quedan (China, Corea del Norte y Cuba, principalmente) no parecen ofrecer tampoco una auténtica alternativa al capitalismo.  En primer lugar, todos ellos tienen un claro componente autoritario y dictatorial que en ningún modo puede considerarse como una superación de las tan denostadas (por los marxistas ortodoxos) “libertades burguesas”.  Pero es que, además, con la excepción china (debido a la descarada adopción de métodos capitalistas, pese a que hayan sabido conjugarlos con la hegemonía y firme control del Partido Comunista, al menos de momento) , estos países siguen demostrando a diario la inviabilidad del “socialismo realmente existente” (esto es, del único conocido, además de la alternativa reformista representada por la socialdemocracia, claro está, pero esta opción siempre ha tenido muy mala prensa entre los sectores izquierdistas más rabiosos, que la consideran poco menos que una traición a los ideales fundacionales del movimiento obrero).  Así pues, al menos en principio, cabría pensar que no merece la pena perder el tiempo con Marx y sus legajos.  En este sentido, por supuesto, quienes nos embarcamos precisamente ahora en la lectura de su obra cumbre, El Capital, debemos al menos una explicación.

¿Por qué (y para qué) leer a Marx hoy, entonces?  ¿De qué puede servir, si todo parece indicar que ha sido arrumbado al vertedero de la Historia?  Pues precisamente porque las cosas distan mucho de estar tan claras.  Después de todo, ¿por qué no usar el mismo argumento contra la Biblia después de los crímenes cometidos en su nombre durante tantos siglos?  ¿Es que alguien conoce un Estado cristiano que haya funcionado de una forma medio decente en algún tiempo o lugar?  ¿Y qué decir de los padres fundadores de la nación estadounidense, que prefirieron mirar hacia otro lado en lugar de ser consecuentes con su credo liberal y prohibir la esclavitud?  ¿Y de los popes del liberalismo clásico británico que no se atrevieron a abrir la boca para criticar los desmanes que cometían sus tropas expandiendo la “civilización” por el mundo?  En fin, parece que no es justo juzgar a las grandes corrientes filosóficas y políticas única y exclusivamente por lo que hayan hecho sus seguidores (lo cual, por cierto, no equivale a decir que dichas acciones no deban tenerse en cuenta y hagamos bien en tenerlas presente como advertencia de los peligros que acechan hasta a las personas con la mejor voluntad).

Pero todo esto no hace sino devolvernos la misma pregunta: ¿por qué (y para qué) leer a Marx hoy?  Hasta el momento sólo hemos explicado que las acciones que se hayan cometido en nombre de unos determinados postulados no siempre han de justificar que nos olvidemos de ellos.  Pues bien, creo que hay varios motivos para seguir estudiando a Marx hoy día.  En primer lugar, porque, se mire como se mire, ha sido uno de los mayores pensadores del mundo occidental.  Sencillamente, no hay forma de entender las ciencias sociales sin su aportación y lo mismo cabe decir de la economía, quizá.  Segundo, porque los elementos fundamentales de su filosofía siguen siendo bastante sugerentes aún hoy: la importancia del factor económico, la necesidad de concebir hasta nuestras ideas más íntimas dentro del contexto social en que se desarrollan, el análisis de las contradicciones y tendencias fundamentales del capitalismo, etc.  Y, en tercer lugar, porque incluso un personaje tan poco sospechoso de marxismo o extremismo de izquierdas como George Soros ha afirmado recientemente que merece la pena releer El Capital, pues parece contener algunas ideas que podrían ayudar a explicar la razón última de crisis económicas como la que estamos sufriendo en estos momentos.

Pero existen, además, algunas razones por las que me interesa a mí personalmente leer El Capital.  Se trata, como ya hemos dicho, de la obra culmen de toda una vida dedicada al estudio del modo de producción capitalista.  Y es también la obra de Marx donde mejor puede observarse la metodología de investigación que el pensador alemán aplicara a los asuntos sociales y económicos.  Esto último me interesa sobremanera, especialmente en estos momentos.  Vivimos inmersos en una sociedad sometida a cambios continuos que algunos sociólogos prefieren denominar como sociedad líquida (ver Zygmunt Bauman).  El término que se use es lo de menos, pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte hay un creciente número de analistas que creen ver en el cambio constante y otros elementos relacionados (lo fluido, lo flexible…) la característica fundamental de lo social en este tiempo que nos ha tocado vivir.  Pues bien, de todos los grandes pensadores occidentales, Marx es casi el único que supo combinar el recurso a la abstracción y sus categorías (esto es, los cimientos sobre los que poder construir una ciencia que logre guiarnos medianamente bien por entre el bosque de incertidumbres que siempre representa la existencia) con una metodología (la dialéctica, aunque quizá entendida de una manera muy sui generis y bastante diferente de lo que concebía Hegel con ese mismo nombre) capaz de captar el cambio.  Personalmente, eso es tal vez lo que más me atrae de Marx y El Capital en estos momentos.


Leyendo “El Capital” (grupo de lectura y discusión)

9 diciembre 2009
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Esta es la bitácora del grupo de lectura y discusión sobre El Capital, organizado por un grupo de amigos en Sevilla.  Convencidos de que, por una u otra razón, todavía es posible sacar partido a la obra fundamental de Marx, hemos decidido entregarnos a la lectura atenta del texto, reuniéndonos de cuando en cuando para intercambiar impresiones, opiniones y sugerencias, de tal forma que la intuición y perspectiva del grupo contribuya a enriquecer la experiencia que supone leer un magnum opus como éste.  Esta web, por tanto, no es sino una herramienta más en el diálogo que pretendemos lanzar en torno al libro.

Nos acercamos a El Capital sin prejuicios.  Esto es, no lo vemos como el dogma máximo de la economía política en que se convirtió para millones de marxistas durante tanto tiempo, y que contribuyó sobremanera a transfigurar (algunos dirían que incluso distorsionar) la filosofía política de Marx, metamorfoseándola en mera escolástica, vulgata de catecismo, rígida, acartonada y risible caricatura de aquella auténtica filosofía de la praxis que fuera en vida de su fundador.  Sin embargo, tampoco estamos convencidos del todo que el trabajo de investigación y análisis que llevara a cabo Marx en las dependencias de la Biblioteca Británica fuera completamente inútil y no tenga relevancia alguna para nuestro tiempo.  Más bien al contrario, sospechamos que fenómenos como el imparable proceso de mundialización de nuestras economías nacionales y la reciente crisis financiera internacional debieran contribuir a que nos replanteáramos nuestras posiciones sobre el sistema económico capitalista desde un punto de vista algo más crítico que el que hemos visto en las últimas décadas.  En fin, que a lo mejor es posible aprovechar algunos de los elementos de reflexión que contienen las páginas de este libro o, cuando menos, pensamos que aún puede tener la capacidad de inspirar un planteamiento más crítico con la realidad circundante.


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