Leyendo El Capital

¿Por qué leer “El Capital” hoy? | 17 diciembre 2009

Hace ya poco más de veinte años que cayó el Muro de Berlín y, con él, la mayor parte de los llamados regímenes del socialismo real, rechazados por la amplia mayoría de quienes tuvieron la desgracia de vivir bajo la opresora presencia del poder comunista.  Hoy día, los pocos países comunistas que quedan (China, Corea del Norte y Cuba, principalmente) no parecen ofrecer tampoco una auténtica alternativa al capitalismo.  En primer lugar, todos ellos tienen un claro componente autoritario y dictatorial que en ningún modo puede considerarse como una superación de las tan denostadas (por los marxistas ortodoxos) “libertades burguesas”.  Pero es que, además, con la excepción china (debido a la descarada adopción de métodos capitalistas, pese a que hayan sabido conjugarlos con la hegemonía y firme control del Partido Comunista, al menos de momento) , estos países siguen demostrando a diario la inviabilidad del “socialismo realmente existente” (esto es, del único conocido, además de la alternativa reformista representada por la socialdemocracia, claro está, pero esta opción siempre ha tenido muy mala prensa entre los sectores izquierdistas más rabiosos, que la consideran poco menos que una traición a los ideales fundacionales del movimiento obrero).  Así pues, al menos en principio, cabría pensar que no merece la pena perder el tiempo con Marx y sus legajos.  En este sentido, por supuesto, quienes nos embarcamos precisamente ahora en la lectura de su obra cumbre, El Capital, debemos al menos una explicación.

¿Por qué (y para qué) leer a Marx hoy, entonces?  ¿De qué puede servir, si todo parece indicar que ha sido arrumbado al vertedero de la Historia?  Pues precisamente porque las cosas distan mucho de estar tan claras.  Después de todo, ¿por qué no usar el mismo argumento contra la Biblia después de los crímenes cometidos en su nombre durante tantos siglos?  ¿Es que alguien conoce un Estado cristiano que haya funcionado de una forma medio decente en algún tiempo o lugar?  ¿Y qué decir de los padres fundadores de la nación estadounidense, que prefirieron mirar hacia otro lado en lugar de ser consecuentes con su credo liberal y prohibir la esclavitud?  ¿Y de los popes del liberalismo clásico británico que no se atrevieron a abrir la boca para criticar los desmanes que cometían sus tropas expandiendo la “civilización” por el mundo?  En fin, parece que no es justo juzgar a las grandes corrientes filosóficas y políticas única y exclusivamente por lo que hayan hecho sus seguidores (lo cual, por cierto, no equivale a decir que dichas acciones no deban tenerse en cuenta y hagamos bien en tenerlas presente como advertencia de los peligros que acechan hasta a las personas con la mejor voluntad).

Pero todo esto no hace sino devolvernos la misma pregunta: ¿por qué (y para qué) leer a Marx hoy?  Hasta el momento sólo hemos explicado que las acciones que se hayan cometido en nombre de unos determinados postulados no siempre han de justificar que nos olvidemos de ellos.  Pues bien, creo que hay varios motivos para seguir estudiando a Marx hoy día.  En primer lugar, porque, se mire como se mire, ha sido uno de los mayores pensadores del mundo occidental.  Sencillamente, no hay forma de entender las ciencias sociales sin su aportación y lo mismo cabe decir de la economía, quizá.  Segundo, porque los elementos fundamentales de su filosofía siguen siendo bastante sugerentes aún hoy: la importancia del factor económico, la necesidad de concebir hasta nuestras ideas más íntimas dentro del contexto social en que se desarrollan, el análisis de las contradicciones y tendencias fundamentales del capitalismo, etc.  Y, en tercer lugar, porque incluso un personaje tan poco sospechoso de marxismo o extremismo de izquierdas como George Soros ha afirmado recientemente que merece la pena releer El Capital, pues parece contener algunas ideas que podrían ayudar a explicar la razón última de crisis económicas como la que estamos sufriendo en estos momentos.

Pero existen, además, algunas razones por las que me interesa a mí personalmente leer El Capital.  Se trata, como ya hemos dicho, de la obra culmen de toda una vida dedicada al estudio del modo de producción capitalista.  Y es también la obra de Marx donde mejor puede observarse la metodología de investigación que el pensador alemán aplicara a los asuntos sociales y económicos.  Esto último me interesa sobremanera, especialmente en estos momentos.  Vivimos inmersos en una sociedad sometida a cambios continuos que algunos sociólogos prefieren denominar como sociedad líquida (ver Zygmunt Bauman).  El término que se use es lo de menos, pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte hay un creciente número de analistas que creen ver en el cambio constante y otros elementos relacionados (lo fluido, lo flexible…) la característica fundamental de lo social en este tiempo que nos ha tocado vivir.  Pues bien, de todos los grandes pensadores occidentales, Marx es casi el único que supo combinar el recurso a la abstracción y sus categorías (esto es, los cimientos sobre los que poder construir una ciencia que logre guiarnos medianamente bien por entre el bosque de incertidumbres que siempre representa la existencia) con una metodología (la dialéctica, aunque quizá entendida de una manera muy sui generis y bastante diferente de lo que concebía Hegel con ese mismo nombre) capaz de captar el cambio.  Personalmente, eso es tal vez lo que más me atrae de Marx y El Capital en estos momentos.

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