Evidentemente, ha habido más bien poca actividad por estos lares desde hace ya un tiempo. El caso es que el grupo de lectura nunca fue. Ni siquiera echó a andar. Y no por falta de interés entre sus tres participantes, sino por las premuras de tiempo tan acuciantes en tiempos como éstos (hay que decir, además, que los tres participantes añaden a sus respectivas obligaciones laborales las que conllevan la militancia política y el activismo social, lo cual no deja tiempo para ambiciosos proyectos). Sea como fuere, el caso es que el grupo de lectura jamás pasó de una primera reunión preparatoria con la asistencia de tan sólo dos de sus miembros. Como consecuencia, la bitácora ha estado durmiendo el sueño de los justos durante todo este tiempo.
¿Qué hacer, pues? ¿Ha llegado el momento de desenchufar la máquina? El caso es que leer El Capital me sigue pareciendo una tarea urgente y útil, sobre todo visto lo visto últimamente y tomando en consideración lo que todo parece indicar que se nos viene encima. Por consiguiente, he decidido continuar con el proyecto en solitario a la espera de que algún alma interesada en estos temas ofrezca su incorporación al mismo un día de éstos.